El Papa rinde inesperado homenaje a 20 cadetes muertos en ataque terrorista en Colombia
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Luego del rezo del Ángelus en la casa hogar El Buen Samaritano en Panamá, el Papa Francisco rezó uno por uno por los cadetes fallecidos en el atentado perpetrado por la guerrilla del ELN contra una escuela de oficiales en Bogotá el pasado 17 de enero, y pidió por la paz en Colombia.
Aunque el Santo Padre ya había expresado su cercanía y oración el 18 de enero, esta vez hizo referencia al atentado con carro bomba en el sur de la capital porque, como él mismo explicó, como ofrenda en la Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud esta mañana, le llevaron la lista de los cadetes que murieron en la “escuela de cadetes de policía General Francisco de Paula Santander en Colombia, asesinados por el odio terrorista”.
“Estos jóvenes fueron ofrenda en la Misa, y como recuerdo de ellos me permito en este Ángelus, nombrarlos, y cada uno en el corazón, no en voz alta sino en el corazón, diga esa palabra que se suele decir en estos institutos cuando se nombre un muerto ‘presente’. Que estén presentes delante de Dios”, dijo el Papa.
Después, el Santo Padre pronunció los nombres de los fallecidos, tras lo cual los presentes en el hogar dijeron presente: “El cadete Luis Alfonso Mosquera Murillo, el cadete Óscar Javier Saavedra Camacho, el cadete Jonathan Efraín Suescún García, el cadete Majarré Contreras Juan Felipe, el cadete Juan Diego Ayala Ansola, el cadete Juan David Rodas Agudelo, el cadete Diego Alejandro Pérez Alarcón, el cadete Jonatan Ainer León Torres, el cadete Anan Paul Ayona Barreto, el cadete Diego Alejandro Molina Peláez, el cadete Carlos Daniel Campaña Huertas, el cadete Diego Fernando Martínez Gálvez, el cadete Juan Esteban Marulanda Orozco, el cadete César Alberto Ojeda Gómez, el cadete Cristian Fabián González Portillo, el cadete Fernando Alonso Iriarte Agresor, la cadete Ericka Sofia Chico Vallejo, el cadete Cristian Camilo Maquilón Martínez, el cadete Steven Ronaldo Prada Reaño, el cadete Iván René Muñoz Parra”.
Para concluir su súplica por los fallecidos en el atentado, el Papa dijo: “Te pedimos Señor que les des paz y al pueblo colombiano que también les des paz. Amén”.
Hombre justo lleno de bondad y caridad, fiel servidor de Jesucristo, que hallaste consuelo y paz en la oración, en el silencio, en el monasterio, lleno de un espíritu invencible en la fe e inquebrantable en la esperanza, y un corazón pleno de amor a Dios y los hombres, te invocamos para que nos alientes con tu dulce y valiosa presencia y nos concedas protección y amparo en nuestras vidas. Tú que siempre das ayuda cuando se te invoca y eres poderoso intercesor ante el trono del Altísimo, te ruego apartes de mí los peligros que me acechan, y me obtengas de Dios los favores que preciso. San Benito, terror de los demonios, por el poder de la Cruz aleja de mi toda influencia maligna, resguárdame de envidias y de los ojos que me miran mal líbrame de malas lenguas y habladurías, de falsedades, traiciones y egoísmos, y de toda aquella mala persona que sin escrúpulos me desee algún mal y pretenda atormentarme; presérvame te ruego confiadamente, de maleficios, brujerías y hechicerías, c...
Un día caluroso, un viajero exhausto se encontró con un gran árbol frondoso en medio del camino. Agradecido, se sentó bajo su sombra para descansar. El árbol le ofrecía frescura, cobijo, y frutos jugosos que caían a sus pies. —¡Qué árbol tan útil! —pensó el viajero—. Me ha dado sombra y comida sin pedirme nada. Cuando recuperó fuerzas, el viajero sacó un cuchillo y talló su nombre en el tronco del árbol, dejando una marca profunda. Luego se marchó sin mirar atrás. El árbol, aunque dolido, no dijo nada. Días después, otro viajero pasó por el mismo camino. También descansó bajo el árbol, comió de sus frutos y al marcharse, recogió las semillas caídas y las plantó en distintos lugares. Pasaron los años. El primer viajero nunca regresó, pero los árboles nacidos de aquellas semillas crecieron por todo el valle, dando sombra y frutos a muchas personas. Moraleja: La gratitud no se muestra con palabras, sino con acciones. Aquel...
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