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Mostrando entradas de mayo 11, 2025

La vida no se trata de lo que te sucede, sino de cómo decides enfrentarlo.

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 Un día, un joven se quejaba ante su abuelo de lo difícil que era su vida. Decía que cada vez que superaba un obstáculo, aparecía otro aún mayor. Su abuelo, en silencio, lo llevó a la cocina. Colocó tres ollas con agua al fuego. En la primera puso zanahorias, en la segunda huevos y en la tercera granos de café. Después de un rato, el abuelo apagó el fuego y le pidió al joven que observara. Las zanahorias, antes duras, ahora estaban blandas. Los huevos, frágiles por dentro, se habían endurecido. El café, en cambio, había transformado el agua misma. —¿Qué significa esto? —preguntó el joven. —Cada uno enfrentó la misma adversidad: el agua hirviendo —respondió el abuelo—. Pero reaccionaron diferente. La zanahoria se debilitó, el huevo se endureció... y el café cambió su entorno. La pregunta no es qué tan dura es la situación, sino cómo eliges responder. Moraleja: La vida no se trata de lo que te sucede, sino de cómo decides enfrentarlo. Tú eliges si te vuelves más débil, más duro...

El valor del ahora

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  Un anciano sabio fue visitado por un joven agobiado por sus problemas. El joven se quejaba de su vida, de lo que no tenía, de lo que aún no lograba. El sabio lo escuchó en silencio y luego le dijo:   —Te contaré una historia. Un hombre pasó toda su vida buscando el árbol perfecto para sentarse a la sombra. Caminó por valles, montañas y desiertos, siempre encontrando defectos: uno era muy pequeño, otro tenía espinas, otro estaba torcido. Finalmente, viejo y cansado, se detuvo bajo un árbol cualquiera para descansar... y descubrió que esa sombra también era buena.   El joven guardó silencio.   —A veces —añadió el sabio— buscamos tanto lo ideal, que olvidamos vivir lo que ya tenemos. Moraleja: No pospongas tu felicidad esperando un momento perfecto. La vida sucede ahora, y lo imperfecto también puede ser hermoso.

El árbol y el viajero

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   Un día caluroso, un viajero exhausto se encontró con un gran árbol frondoso en medio del camino. Agradecido, se sentó bajo su sombra para descansar. El árbol le ofrecía frescura, cobijo, y frutos jugosos que caían a sus pies.  —¡Qué árbol tan útil! —pensó el viajero—. Me ha dado sombra y comida sin pedirme nada.  Cuando recuperó fuerzas, el viajero sacó un cuchillo y talló su nombre en el tronco del árbol, dejando una marca profunda. Luego se marchó sin mirar atrás.   El árbol, aunque dolido, no dijo nada.  Días después, otro viajero pasó por el mismo camino. También descansó bajo el árbol, comió de sus frutos y al marcharse, recogió las semillas caídas y las plantó en distintos lugares.  Pasaron los años. El primer viajero nunca regresó, pero los árboles nacidos de aquellas semillas crecieron por todo el valle, dando sombra y frutos a muchas personas.  Moraleja: La gratitud no se muestra con palabras, sino con acciones. Aquel...

El Papa Prevost desvela por qué se llama León XIV

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Según el nuevo Pontífice, a la revolución industrial que vivió León XIII le sigue la revolución de la inteligencia artificial que le tocará encarar a él León XIV ha desvelado hoy por qué eligió este nombre para ejercer el ministerio petrino. El papa Robert Francis Prevost dio un paso al frente para desvelarlo en la reunión que mantuvo esta mañana con el Colegio cardenalicio.   Ante los purpurados compartió que su elección nace del deseo de “proseguir” por el “camino” iniciado por las reformas del papa Francisco que emanan del Concilio Vaticano II.   “Hay varias razones, pero la principal es porque el papa León XIII, con la histórica encíclica ‘Rerum novarum’, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justic...

El límite de tu generosidad

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 Esta es la historia de un personaje anónimo, llamémosle Ramiro. Ramiro había tenido un ligero accidente automovilístico por lo que tuvo que llevar su coche al taller. Como todos los días tenía que ir al trabajo, decidió que mientras su coche quedaba listo se desplazaría en metro. Una noche, saliendo de la estación del tren, notó a un vagabundo recostado. Sintió lástima por él, por lo que le ofreció algunas monedas. Sin duda el vagabundo le agradeció el gesto de amabilidad, y al día siguiente, en el mismo lugar, de nuevo se volvió a topar con el vagabundo. En esta ocasión Ramiro pensó que en lugar de darle monedas le traería algo de comer, así que salió de la estación para comprarle una comida caliente. Luego, Ramiro no pudo resistir su curiosidad y le preguntó: -¿Cómo llegaste hasta este punto?  (A ese punto de precariedad). El vagabundo lo miró y con una sonrisa le respondió: -Demostrando amor». Ramiro no le entendió, así que le hizo otra pregunta: -¿Qué quieres decir con es...