El árbol y el viajero
Un día caluroso, un viajero exhausto se encontró con un gran árbol frondoso en medio del camino. Agradecido, se sentó bajo su sombra para descansar. El árbol le ofrecía frescura, cobijo, y frutos jugosos que caían a sus pies.
—¡Qué árbol tan útil! —pensó el viajero—. Me ha dado sombra y comida sin pedirme nada.
Cuando recuperó fuerzas, el viajero sacó un cuchillo y talló su nombre
en el tronco del árbol, dejando una marca profunda. Luego se marchó sin mirar
atrás.
El árbol, aunque dolido, no dijo nada.
Días después, otro viajero pasó por el mismo camino. También descansó bajo el árbol, comió de sus frutos y al marcharse, recogió las semillas caídas y las plantó en distintos lugares.
Pasaron los años. El primer viajero nunca regresó, pero los árboles nacidos de aquellas semillas crecieron por todo el valle, dando sombra y frutos a muchas personas.
Moraleja:
La gratitud no se muestra con palabras, sino con acciones. Aquello que
recibimos sin costo merece respeto y cuidado.

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