El límite de tu generosidad
Esta es la historia de un personaje anónimo, llamémosle Ramiro.
Ramiro había tenido un ligero accidente automovilístico por lo que tuvo que llevar su coche al taller.
Como todos los días tenía que ir al trabajo, decidió que mientras su coche quedaba listo se desplazaría en metro. Una noche, saliendo de la estación del tren, notó a un vagabundo recostado. Sintió lástima por él, por lo que le ofreció algunas monedas.
Sin duda el vagabundo le agradeció el gesto de amabilidad, y al día siguiente, en el mismo lugar, de nuevo se volvió a topar con el vagabundo.
En esta ocasión Ramiro pensó que en lugar de darle monedas le traería algo de comer, así que salió de la estación para comprarle una comida caliente.
Luego, Ramiro no pudo resistir su curiosidad y le preguntó:
-¿Cómo llegaste hasta este punto? (A ese punto de precariedad).
El vagabundo lo miró y con una sonrisa le respondió:
-Demostrando amor».
Ramiro no le entendió, así que le hizo otra pregunta:
-¿Qué quieres decir con eso?
El vagabundo le explicó:
-Mira, durante toda mi vida, me aseguré de que todos a mi alrededor fueran felices, no importando si mi vida iba saliendo bien o mal; ¡Siempre ayudé a todos los que pude!
Ramiro le cuestionó:
-¿Pero ahora no te arrepientes?
A lo que el vagabundo contestó:
-No, no me arrepiento, pero me duele el alma ver que esas mismas personas a las que les di hasta la camisa que vestía no me dieran ni siquiera una manga de esa misma camisa cuando la necesitaba.
Hijo, te recomiendo que primero construyas tu propia casa y luego invites a alguien a refugiarse en ella, más que entregarle tus ladrillos a cualquiera mientras construyes la tuya.
Porque un día te darás la vuelta y mirarás el terreno donde tenías planeado construir tu casa, y allí verás un terreno baldío. ¡Entonces tú serás quien buscará ladrillos!
Moraleja
No tiene nada de malo ayudar a los demás. Pero en ocasiones, mientras ayudamos a otros, nos olvidamos de nuestros propios problemas y necesidades.
Hay que recordar que a veces compartir es mejor que regalar.
Piensa que tú puedes hacer mucho más por los demás estando en una posición de poder, en lugar de auto-conducirte hasta una situación de mayor fragilidad prescindiendo de lo básico para ti.
Compartir eso que tienes, tu conocimiento, tu experiencia, tu saber hacer da mejores resultados que el simple hecho de regalar por regalar o esperar algo a cambio.

Comentarios
Publicar un comentario